Los crímenes de Oxford

Guillermo Martínez
Los crímenes de Oxford

Inauguro por fin mi participación en esta loable iniciativa con una novelita apropiada para las fechas veraniegas, tomada prestada brevemente del anaquel con puertas de vidrio de Can Cucker-Martorell en el Minervois.

Bien escrita en general (a pesar de algún que otro punto donde el léxico o la sintaxis se retuercen una pizca y dejan traslucir que el autor ha vivido años pensando en inglés). Hace un año o poco más que se debió estrenar la película, protagonizada por Frodo (ie Elijah Wood) y hace más o menos el mismo tiempo desde que alguien me hizo un resumen verbal de por dónde iba la película, suficiente para no irla a ver. Sin embargo, una de dos: o la película tiene cero que ver con el libro, o quien me hizo el resumen lo hacía de otra película, una que probablemente estaba formada por la suma de imaginaciones de las varias personas que se habían ido pasando el “resumen” de uno a otro con una suma de distorsiones deliciosa. Porque lo que me contaron no tiene nada que ver con la novela.

La idea es sencilla y buena: puesto que la novela negra/detectivesca, a decir de algunos, es una excelente excusa para hacer ameno costumbrismo, y el costumbrismo de los académicos de las universidades y los centros de investigación da para muuuuuuucho, combinémoslo. Sí que aparece, de una manera no marginal pero casi casi, una excursión de matemáticos a una charla de Andrew Wiles; pero el teorema de Fermat tiene un rol absolutamente nimio en la novela. El teorema clave es el de Gödel. El matemático más brillante del elenco se supone especializado en algo que, en efecto, muy bien podría ser una especialización de un lógico brillante: el análisis explicatorio de cómo es posible que siga habiendo matemática (y, aún más alucinante, matemática aplicada, y hasta cierto punto filosofía) después de Gödel. [Para los amiguetes que yo me sé: una analogía podría ser el “con diez kilos de axiomas no puedes demostrar un teorema de veinte kilos” de Chaitin, aunque el planteamiento de Martínez no va del todo por ahí.]

El mayor mérito de la novela es que, a pesar de que todas las aportaciones que menciona de las matemáticas y la lógica se expresan en lenguaje puramente divulgativo, muy intuitivo y yo creo que comprensible para cualquier mente humana un poquito educada, sin embargo se corresponden con pasmosa exactitud al significado propio, científico, de las aportaciones en cuestión. Cuando estamos tan hartos de que, para simplificar la ciencia y “que se entienda”, entre científicos y periodistas lo que logramos son declaraciones que en el mejor de los casos son falsas, y en el más habitual “misleading”, es una buena noticia ver que es posible cubrir excelentemente ese aspecto en una novela policiaca.

Bien estructurada, te pilla en seguida y ya no la sueltas; ligera de leer, a mí me supuso una mañana bajo la sombra de un olivo y una tarde bajo la de un plátano, o viceversa. Un buen día de verano en el fantástico Minervois.

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Un pensament sobre “Los crímenes de Oxford

  1. …En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo……Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita, una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida…Extractado de SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M.http://minovelanegra.blogspot.com/

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