Nadie es más de aquí que tú

Nadie es más de aquí que tú

Miranda July
Traducción: Silvia Barbero

Editorial: Seix Barral.
Colección: Biblioteca Formentor.
224 páginas
ISBN: 978-84-322-2848

Dieciséis relatos cortos conforman este libro, con el denominador común de estar narrados en primera persona y estar protagonizados por mujeres jóvenes o de mediana edad. Sólo hay dos excepciones, en uno de ellos el personaje principal y narrador es un hombre (“La hermana”) y, en la segunda, la narración fluye en tercera persona (“Esa persona”).

Todas las historias se desarrollan a través de personajes que, bien reconocen y asumen su soledad, bien están en proceso de hacerlo, o que muestran personalidades en cierta manera trastornadas por no poder aceptarla. Los personajes no son en absoluto “normales”, sino todo lo contrario: desde una mujer que es entrenadora de natación en un pueblo que no tiene piscina, hasta una chica que trabaja en un peep-show y que tiene una fuerte reacción alérgica en la cabeza por no quitarse la peluca del trabajo, porque es esto lo único que la mantiene unida a su ex-novia. Son mujeres vulnerables que viven en atmósferas deprimentes, que no se relacionan de manera normal con el entorno que las rodea y que hacen cábalas sobre cómo podría ser su vida si no estuvieran tan solas. Dentro de este leitmotiv común, coexisten otros no menos importantes, a saber, la sexualidad infantil, el estupro, la incomunicación entre las personas en la era de internet, la aceptación de la propia homosexualidad, el desamor o el significado de los sueños. Temas secundarios que, a su vez, de manera latente determinan la angustia vital de las personas aquí retratadas.

El lugar en que transcurren las historias es indeterminado, en algún caso se menciona el nombre de la población, por ejemplo, Belvedere en “El equipo de natación”, pero sí se advierte que se trata de barrios residenciales norteamericanos. No obstante, los cuentos podrían situarse en cualquier otra geografía sin que esto supusiese una influencia definitiva en el sentido percibido.

July logra un más que correcto resultado en esta compilación de relatos, siendo todos de ellos de calidad similar, excepto quizás en dos casos: “Esa persona” y “Haciendo el amor en 2003”, composiciones que son excesivamente abstractas y fallan en la concreción de la historia y resolución, por ser demasiado vagas e imprecisas.

En todos los relatos, la temática común de la soledad es descrita desde un lenguaje sencillo y directo y desde la perspectiva del monólogo interior que ocasionalmente combina con diálogos de manera magistral. Un ejemplo de este buen hacer es la historia de “El niño de Lam Kien”, en la que los pocos diálogos entre la mujer y el chico consiguen parecer improvisados, haciendo avanzar la historia con una gran velocidad y esclareciendo el estado psicológico depresivo de la protagonista: “El muchacho iba aburriéndose y eso era una forma de hacerse mayor. Yo iba deprimiéndome, y era culpa mía.”

El libro, aún estando repleto de divagaciones en cierta manera incoherentes desde el punto de vista psicológico para una persona supuestamente normal, supera con facilidad la prueba misma de la coherencia. Consigue que las situaciones resulten creíbles, pues describe reveses vitales y situaciones desesperantes con extrema delicadeza e ironía sin caer en la exageración. Para ello, July utiliza continuamente metáforas y símiles que ilustran reflexiones que de otra manera hubieran sido difícilmente interpretables, puesto que con frecuencia alcanzan la hilaridad:

Si hubiese un mapa del sistema solar que, en vez de mostrar las estrellas, mostrase la gente y sus grados de separación, mi estrella sería la que estaría más separada, a años luz.


Yo expelía mi mugre, el polvo de todo lo que había destruido con mis dudas, y sus pulmones absorbían todo aquello.


La veía como una chica que me hubiese atado a su pierna para que la ayudara a hundirse cuando saltase desde el puente. Después de aquella visión, parpadeé y volví a estar enamorada de ella.


En la casa había habitaciones vacías en las que una vez pensaron acomodar el amor que se profesaban, y trabajaron juntos para llenar esas habitaciones de muebles modernos de mediados de siglo.


En el mundo ideal seríamos huérfanas (…) y seríamos acreedoras de esa piedad que merecen los huérfanos, pero para nuestra suma humillación, teníamos padres.


Le gusta decirlo en el momento en que se corre, igual que el gato que trae de regalo un pájaro muerto.

Acompañan a estos símiles, análisis psicológicos que, dotan al conjunto de un sentido dramático desde el principio de los relatos, como en el de “Diez verdades”, que es implacable desde su comienzo: “Por qué se han apuntado a unas clases de costura para principiantes? Me gusta creer que porque tienen la autoestima muy baja. Son mujeres que parecen tener todo controlado y que han nacido para que las demás parezcamos torpes, pero, en el fondo, tienen una visión casi psicóticamente retorcida de sí mismas.”

La mayoría de los cuentos tienen finales abiertos, logrando un atmósfera un tanto desoladora. Algunos críticos han visto ecos de Carver, pudiera ser. En cualquier caso, leyendo la historia final, el lector por fin se da cuenta de que es imprescindible llegar precisamente hasta el fin del libro y de los dieciséis relatos, pues es el único narrado con un final perfectamente cerrado y que es revelador respecto a los anteriores, posicionándose July sin ambages respecto a que en toda soledad recurrente vital, subyace alguna insatisfacción o deseo no cumplido o realizado: “(…) me pasó la bandeja de patatas, aunque yo no se la había pedido. (…) En sus ojos resplandecía aquel antiguo amor, el amor más importante de toda mi vida. Tenían una mirada de triunfo”.

La impresión cinematográfica que logra July en estas historias juega un papel favorable en el resultado final del libro. La utilización de un lenguaje moderno y el tratamiento abierto de la sexualidad han sido garantía frente al público lector en los países en los que se ha publicado. De lectura veloz e intensa, aglutina en pocas páginas a través de narraciones cortas, reflexiones profundas e universales. Abstenerse personas con objeciones respecto a la exploración literaria directa de temas como el estupro o la sexualidad infantil.

La autora, Miranda July, además de escritora, es artista de performances y directora de cine. Un vistazo a su web es más que recomendable: http://mirandajuly.com/

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Últimas 2 horas y 58 minutos

Miguel Ángel Maya
Últimas 2 horas y 58 minutos
Lengua de Trapo, Madrid, 2008
ISBN: 9788483810323
272 páginas. 20,80 euros

2 horas y 58 minutos es casi el tiempo exacto para devorar cada una de las dos partes de esta novela, para leerla del derecho o del revés, boca arriba o boca abajo. Porque tiene dos portadas y cada una de sus tapas es el preámbulo de una historia diferente.
Maya ha novelado a modo de road movie, multitud de historias más o menos disparatadas que se encriptan en las dos novelas que confluyen en la mitad física del libro y que configuran la obra final. Dos partes con dos protagonistas diferentes de los que no llegamos a conocer nunca su nombre: para el lector siempre serán “el desertor” y “el hombre que el 11 de septiembre no estuvo en Nueva York”. Dos maneras de identificarlos, que en sí determinan sus identidades de ruptura, en un día que deciden cambiar sus vidas, en el que emprenden una ruta quijotesca desde Nueva York/Israel hasta Buenos Aires, pasando por Acapulco, el DF, Bogotá, Cartagena de Indias, Nápoles, Sevilla, El Líbano… Son dos seres derrotados que, a través de la metaliteratura desbordante del libro y la ayuda de un narrador omnisciente que realmente no lo es, caminan por los bordes de la vida.

Y es que esta es una novela de fronteras, absolutamente. De fronteras geográficas entre países y territorios que nos tientan a revisar el mapamundi y seguir la ruta de los personajes a modo de literatura de viajes. De fronteras vitales: “tal vez (…), eso sea una frontera, el lugar donde la gente deja de existir”, los dos protagonistas buscan una nueva identidad abandonados a los avatares que les impone el azar, encontrando a su paso el reverso desconocido de sus vidas a través de “(…) lugares de paso, inexistentes y fronterizos, que sólo sirven de guarida a los locos, a los que huyen sin nada que perder o los que deciden hacer de la frontera un estimulante modo de vida (…)” . Y estos son los personajes que se encuentran los dos outsiders a su paso, hombres y mujeres que tienen en común la pérdida o el destierro: chinos en el desierto de Mejico descendientes de los supervivientes de un naufragio antiguo frente a la Baja California, un superviviente de un accidente de aviación que decidió hacer de los restos del fuselaje su hogar en el medio del desierto, el gitano macedonio comerciante de extrañas mercancías que transita las fronteras de Israel, El Líbano y Europa…

Pero sobre todo, es un libro de fronteras literarias, marcadas por los juegos continuos en la narración. Descubrimos elipsis admitidas por el propio narrador: “(…) No sé de qué página no escrita de esta novela lo había sacado (…)”. Impregnado de metaliteratura, es muy recomendable el capítulo 13 de la 2ª parte en el que aparecen personajes de novelas fracasadas y en el que se mencionan otros de más éxito: Arturo Belano (¿tendrá esta novela tintes de Bolaño?), La Maga, Morelli… Metaliteratura del libro en sí mismo: ambas partes, protagonizadas por personajes diferentes, contienen referencias entre sí a través de breves apariciones de personajes, pueblos o situaciones: encontramos a Madame Tatanchourk inesperadamente en la segunda parte, aún siendo ésta un personaje propio de la historia que se novela en la primera e incluso obtenemos en esta 2ª mayor información sobre ella.

Un gran juego, en definitiva, que sospecho se conforma como las capas de una cebolla y que cada lector podrá disfrutar en mayor o menor medida en función del conocimiento previo de la biografía de Miguel Ángel Maya. Así si visitamos su web, descubrimos que el mimo que representaba al dios Baco en Nápoles, el viaje en velero en Colombia, la conferencia sobre literatura de vanguardia en Bogotá, el Burger King de Londres y los títulos de novelas escritas por alguno de los protagonistas, no son más que traslaciones de la vida de Maya a esta su primera novela publicada, que juega con un falso narrador omnisciente para poder poner cordura en un relato muy ingenioso pero a veces muy difícil de seguir que “(…) al ser tan inverosímil nadie dudó que fuera un cuento y no parte de su biografía”.

¿Será esta una novela Nocilla?